Durante una estancia en Sevilla en 1894, Antoni Amatller conoció a Francisco Caballero-Infante y Zuazo (†1906/7), uno de los promotores de las excavaciones en yacimientos arqueológicos como los de Itálica, Emérita o Carmona, que durante el último cuarto del siglo XIX había reunido una importante colección de objetos romanos y hispano-árabes. Habiendo manifestado el catedrático andaluz su disposición a deshacerse del conjunto de vidrios arqueológicos que había reunido, el chocolatero, después de unas cortas negociaciones que culminaron el 9 de junio de aquel mismo año, se convirtió en propietario de un lote de doscientas once piezas muy significativas. Se inicia así una nueva afición, la del coleccionismo de vidrio antiguo, afición que le proporcionaría nuevos alicientes en sus viajes, como lo demuestran las adquisiciones realizadas en Berlín, París, Roma, Estambul o Assuan. Hombre inteligente como era, no tardó en asegurarse el asesoramiento de un gran entendido en la materia, Rvdo. Josep Gudiol i Cunill (1872-1931), conservador del Museo Episcopal de Vic, estableciendo unos vínculos entre la institución de Vic y la casa Amatller que todavía perduran. Entre los resultados de esta relación cabe destacar la incorporación de una treintena de vidrios renanos procedentes de la colección del banquero alemán Franz Merkens, subastada en Colonia en 1905 y tres piezas excepcionales que habían sido del anticuario turco Hakky-Bey, muerto en París a principios de 1906.

Rvdo. Josep Gudiol i Cunill



Además del vidrio, Antoni Amatller también se interesó por otras formas artísticas y, entre las obres que reunió en su casa podemos señalar el rarísimo retablo románica de Angustrina (ca. 1200), una pareja de bodegones del madrileño Andrés Deleito (act. 1650-60), diversas pinturas catalanas de finales del siglo XIX, entre las que destaca un exquisito óleo de Ramón Casas, fotografías artísticas de contemporáneos suyos, como el pictorialista Miquel Renom, Ramir Lorenzale y Rogent o W. Miralles, un espléndido colgante del orfebre parisino René Lalique que compró para su hija Teresa el 8 de octubre de 1900, esculturas diversas y un número importante de objetos de coleccionismo.

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