La fachada

En la nueva fachada, con connotaciones a estilos de épocas muy diversas (des del románico al barroco), el arquitecto huyó de la alineación vertical de sus componentes, distribuyendo un número desigual de aberturas en cada piso, y buscando, además, un efecto de asimetría equilibrada (portal en la izquierda / tribuna en la derecha / balcón nuevamente en la izquierda) y de una irregularidad ficticia, ya que todas sus dimensiones horizontales (110 cm de las puertas balconeras, ventanas y galería / 220 cm de separación entre las puertas balconeras del principal / 330 cm de separación entre las ventanas del 1r piso) vienen predeterminadas estrictamente a partir de un módulo de 55 cm, que coincide con las tornapuntas del balcón.

El singular remate escalonado que la corona cumple la función de integrar el nuevo estudio fotográfico construido en la azotea (que por normativa tenía que estar separado unos metros de las fincas vecinas) con el resto del edificio. Es una solución que el arquitecto adoptaría, conocedor del uso habitual que se hacía en tierras europeas más meridionales, para resolver el problema parecido de las casas entre medianeras y con cubiertas a dos vertientes.

proyectos de Puig i Cadafalch para la fachada de la casa Amatller
(1-6: Archivo Nacional de Cataluña / 7: Archivo Municipal Administrativo)


Puig i Cadafalch dio a la fachada un importante y innovador componente cromático (esgrafiados a base de blanco, ocre y almagre / azulejos vidriados y de reflejo metálico / carpintería verde / forja negra / piedra gris de Montjuic) y una abundante decoración escultórica que configuran un rico discurso iconográfico. Se conjugan alusiones al nombre de la familia (ramas florecidas de almendro con As mayúsculas, en la tribuna / verso “el almendro florece, el buen tiempo se acerca, con sus nidos de pájaros y sus ramos de rosas” de Dolors Monsardà -suegra de Puig i Cadafalch-), referentes tradicionales (San Jorge, el dragón y la princesa / vagabundo), las aficiones del propietario (pintura / escultura / arquitectura / música / fotografía) o, muy especialmente, alrededor de las tres puertas balconeras, un retrato alegórico del mismo Antoni Amatller formado por imágenes simbólicas de las tres actividades que mejor lo definieron: la industria, las artes (entre ellas la fotografía) y el coleccionismo de vidrio arqueológico.


La reforma de la casa Amatller constituyó una transformación radical de los criterios establecidos en el Plan Cerdà del ensanche de Barcelona. Con su intervención, Puig i Cadafalch rompió los esquemas compositivos clasicistas basados en la simetría y la regularidad, superó los 22 metros de altura normativa y añadió el cromatismo como elemento destacado en el entorno urbano. Es decir, fue el introductor del factor de la singularidad en un contexto concebido desde la uniformidad, marcando así la irrupción del Modernismo en el Ensanche de Barcelona.

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