la intervención de Puig i Cadafalch también comportó modificaciones substanciales en el interior del edificio. En la planta baja reordenó los espacios, suprimiendo uno de los locales comerciales existentes por vincular la parte interior a las necesidades del piso principal y convirtiendo la parte que da al paseo de Gracia en el vestíbulo de entrada a la finca. Aquí el arquitecto creó un espacio señorial, con arrimaderos de cerámica de arista sevillana y unas farolas con un doble sistema de iluminación, como en toda la casa, de electricidad y de gas. Destacan dos importantes columnas sobre las que descansa la pared maestra del patio de luces y, al fondo, una gran puerta de vidrio emplumado que daba paso al garaje del Hispano-Suiza del Sr. Amatller, la cocina del piso principal y las habitaciones del servicio. A la derecha encontramos el patio de honor, que despierta reminiscencias de palacios de la calle Montcada, con la escalera que te lleva al domicilio del propietario, cobricelada por una espectacular claraboya de vidrio emplomado. Entre las imponentes ménsulas que soportan el rellano del principal, pobladas de animales chocolateros, se abre la puerta que comunica con la escalera de vecinos.

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